La música instrumental siempre ha tenido un lugar importante para mí. Muchas veces discreta, suele pensarse que su sonido es para llenar silencios, pues si no estás esperando ser atendido en la clínica, sería imposible escucharla por placer. Como dice Marisol García en su último libro, hay que quitarnos del imaginario que ese ruido genérico que suena en los gimnasios o en las tiendas de retail, sea etiquetable como música. Al menos no califican como canciones, contrario a la música instrumental.
Mi relación consciente con ella nació por una necesidad adolescente. A menudo me desvelaba en el living escribiendo cuentos; durante esas horas necesitaba algo que me hiciese mover la cabeza, pero que estuviera despejado de letras para no distraerme. Todo eso, y mi gusto por el spaghetti western (inspirado por Red Dead Redemption 2), me llevó a escuchar a The Shadows, la primera gran banda del rock británico.
Entre 1960-1963 Los Shadows fueron protagonistas de la escena inglesa, con cinco sencillos en el top 1 de Reino Unido, fueron precursores del bajo eléctrico y los fraseos de guitarra. Siempre con una oreja atenta a lo popular, hacían sus melodías ‘tarareables’, y sus temáticas reconocibles. En las filas de sus admiradores conversan distintos sonidos, como Brian May de Queen y David Gilmour de Pink Floyd. Incluso la primera canción que grabaron Los Beatles fue un homenaje paródico a esta banda, llamado: “Cry for a Shadow”. Aun así, no son tan conocidos.
No quiero decir que la razón de que se nombre tan poco a este grupo sea por tocar canciones instrumentales, aunque en parte sí. Arriesgar es parte del pop.
Aparecen justo antes de la beatlemanía, y justo después del rock ‘n’ roll inglés, donde nombres como Billy Fury, Tommy Steele y Cliff Richard intentaban replicar la estética juvenil de los rockers americanos. Los Shadows eran una banda de acompañamiento en ese tiempo, “Cliff Richard and The Shadows” fue un grupo tan carismático como para probar grabar sin su front man. Extraño a ojos de hoy, pero funcional a mediados del siglo XX, cuando los adultos todavía recordaban el auge de las orquestas. En 1960 Los Shadows la pegan con su hit: ‘Apache’, canción que estuvo 5 semanas en la cima de los rankings de Reino Unido.
Con ‘Apache’, los oídos viajan a un Estados Unidos de forajidos, con jinetes y persecuciones, puestas de sol y toda esa estética que mitifican un país que solo existió en las películas. Con el título es suficiente, el guitarrista Hank Marvin se encarga de la fantasía. Esa es la propuesta que desenvuelve el resto del repertorio: F.B.I, The Savage, Man of Mistery, Wonderful Land, etc.
Mi favorita es The frightened city, ruda pero alegre, es la que más veces me he sorprendido cantando sus riffs, también es muy bailable, aunque si te quieres ir a la segura Riders in the Sky es música disco pura y dura con cowboys. Y la canción que no puedes dejar pasar es Atlantis, goza del buen paisajismo que logra Marvin y transmite la belleza de estar descubriendo un lugar nuevo.
¿Por qué no volvieron a tener hits después de 1963? Hank Marvin ignoró al agradable George Harrison cuando le dijo que deberían empezar a cantar. En realidad, si había algunas canciones cantadas al medio de sus discos, pero eran intentos tímidos que no pasaron la prueba. 60 años después, en el documental de la BBC: “The Shadows at sixty”, Marvin diría estar arrepentido de no hacer caso al consejo. La música avanzó hacia otra dirección.
Otra razón extramusical fue la imagen visual. Los Shadows eran un cuarteto de pelo engominado y trajes negros, jamás se subieron a la moda del pelo largo ni coquetearon con actitudes autodestructivas, eso en un escenario quedaba corto al lado de unos Doors o Rolling Stones, incluso Los Beatles, que eran los niños buenos, se libraron de la dictadura del traje. Cuando se presentaban como ellos solos (paralelamente seguían siendo la banda de Cliff Richard), perdían el impacto que te da un cantante, aunque hicieran coreografías guitarra en mano, no era lo mismo.
La ambición de Hank Marvin era grande, pero su silueta era más chica que la de su arquetípica Fender Stratocaster roja.
Después de separarse en 1968, The Shadows volvería con mucho éxito en diversas décadas, casi siempre con nuevos lanzamientos y canciones que valen la pena repasar. En el documental de la BBC, se ve a los guitarristas del grupo junto a Cliff Richard en su gira de despedida del año 2009, se nota que son queridos en Inglaterra, similar a los artistas de la Nueva Ola chilena, tanto Bruce Welch como Hank Marvin parecen tipos accesibles, con los que podrías tomarte un café en el SoHo londinense.
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