De Dos poemas verdes y uno aguachento (LAR Ediciones, 2019):
EL CHIQUERO
Trailes
Se levanta un resonar desde el pasto mojado.
Una percusión hecha de pasos con barro.
Los trailes hacen de cuerda y avisan que ya viene, que corran, que viene, que es tiempo, que corran.
Los perros ladran, los perros aúllan, pero son las perras las que rasguñan la pared escribiendo notas de socorro, las perras que han sido montadas, las perras descaderadas.
Los árboles son violines silbando agónicas notas que son presagio de la sangre, de la sangre robada, de la sangre apagada; y las flores, destinadas a ser feroces notas de piano, prefieren borrarse de la partitura.
En la noche retumba el concierto sobre el pasto mojado.
Se acelera el tempo.
Se jadea el ritmo.
Las cuerdas de los trailes han sido cortadas.
Las perras mensajeras han sido envenenadas.
Los árboles siguen siendo violines.
Barraco
La vida sería el barraco
Y tú, resignado, la chancha
de ubres amarradas
que cuelgan en la carrera.
La vida sería el barraco,
acorralándote contra el cerco
con la púa rajando tu ojo,
con tu dueño radiante mirando.
La vida sería el barraco
que te rompe sin que tú quieras
que te irrumpe hasta las uñas
que te muerde arrebatado la oreja.
La vida sería el barraco
arrendado por el patrón
que se ríe contento, pensando
en cuánto rematará tus pedazos.
Lauchas
Un, dos, tres
un, dos, tres
media vuelta
y al revés.
Un, dos, tres
un, dos, tres
mano con cola
garra con pie.
Cinco, seis
cinco, seis
no hay comida
hoy ni después.
Cinco, seis
cinco, seis
te ha atrapado
el gato inglés.
Quiltra
(Poema inspirado en How To Wear Your Mother’s Lipstick de Warsan Shire)
Mi madre nunca usó delineador,
aunque lo intentó.
El labial no le asentó,
menos la sombra celeste.
La base le fue muy cara
y los brillos, pesados.
Mi madre nunca se pintó.
Mi madre nunca se amó.
Su cara nunca fue suya
sus labios se quebraron
y, aun así, de pequeña
aprendió a maquillarse
no con delineador, ya dije;
no con labial, dejé claro
no con sombra, he gritado
no con base, te digo.
Con decepción.
Mi madre no fue curvilínea
ni en la cadera ni en la sonrisa.
Ovejas
Salía una y salíamos todas
hasta el día que cayeron granizos
que sonaron como piedras
siendo, en realidad, manzanas
y yo salí
y ninguna me siguió
De Volverse señor (Ediciones Cola de Gato, 2022):
De niño
De niño
en un auto
cerraba los ojos
para adivinar en qué parte del camino estábamos
De adulto
en la mañana
cierro los ojos
para adivinar en qué parte dejó de existir un camino
De niño
deseaba
viajar en la cima de un árbol
para ir más rápido que los autos
De adulto
deseo
viajar en la cima de un árbol
desde que entendí que no se mueven
De niño
me asustaba
que la luna
nos seguía a todas partes
De adulto
me asusta
que ni siquiera la luna
me siga
¿Cómo suena la soledad?
¿Cómo suena la soledad?
Pregunto.
Y espero una respuesta.
¿Acaso como un sollozo
escapando con una película?
¿Acaso como una lágrima
rodando con una cebolla picada?
¿O como alguien a las 4 a.m.
repitiendo el mismo video?
¿O como alguien a las 04:05 a.m.
escuchando la misma canción?
¿Cómo suena la soledad?
Vuelvo a preguntar.
Y sigo esperando una respuesta.
¿Cómo?
¿Cómo?
¿Cómo?
¿Cómo suena la soledad?
Pregunto.
Y espero una respuesta.
¿Cómo suena la soledad?
Pregunto
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Matías Díaz Huirimilla es poeta y dramaturgo. Ha publicado Dos poemas verdes y uno aguachento (LAR Ediciones, Concepción, 2019), Volverse señor (Ediciones Cola de Gato, Concepción, 2022) y La Trilogía del Pop (Editorial Escafandra, Calbuco, 2023). En 2019 obtuvo el primer lugar en I Concurso de Dramaturgias Invocadas de la Universidad Austral de Chile y en 2023 obtuvo la Beca de Creación Literaria otorgada por el Fondo del Libro y La Lectura. Asimismo, ha lanzado los videopoemas Trailes (2023), El chiquero (2024) y Saga millenial (2025) y la película poética Antes de cumplir 30 hay que aclarar algunas cosas (2025).